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CAMPEANDO


Según la ONU, el gas de efecto inverna- dero (GEI) más abundante es el dióxido de carbono (CO2), ya que representa dos tercios del total y su principal fuente es la quema de materiales fósiles (combustibles que provie- nen del petróleo predominantemente). 

La agencia de protección ambiental de los Estados Unidos, señala que las principa- les fuentes de estos gases son la producción eléctrica con un 28%, el transporte con otro 28% (se estima que los aviones contribuyen con el 13% de la producción total); la indus- tria con un 22% y se atribuye un 9% (igual que la ONU) a la agricultura, considerando su acepción más amplia que incluye a la ganadería, la forestaría, la producción de biomasa y de fibras vegetales .

Es preciso señalar que cuando se refieren a los gases emitidos por la agricultura, consideran además las labores propias de la actividad, el suministro de insumos, la transportación de la producción y su conservación, añadiéndole las pérdidas en toda la cadena; lo cual, en mi humilde opinión -diría mi papá- es tramposo y tenden- cioso al incluir procesos que escapan del control y responsabilidad de los agricultores. 

Tampoco consideran (o lo hacen de manera inadecuada), en el caso de la ganadería extensi- va, todos los gases que consumen los insectos, bacterias, hongos y la fotosíntesis, para sus procesos biológicos.

Con estos datos en los que la mayoría de los ecologistas coinciden, han querido so- bredimensionar la participación de la gana- dería bovina extensiva en la producción de dichos gases, señalándola injustamente como la principal causa de los efectos del cambio climático (que siempre han existido, son na- turales, continuos, permanentes, irreversibles y a veces necesarios). Con esta información precisa, cualquier persona que haya terminado la primaria con al menos 7 de promedio, no dudará en concluir que las malas de esta pelí- cula no son las vacas; sin embargo, hay otros actores que se quieren esconder y utilizan a pseudo ecologistas y mercenarios (que a veces son los mismos) para hacer estos señalamien- tos irresponsables, falsos y tendenciosos. 

Hace pocos días escuché en el progra-  ma de José Cárdenas en Radio Fórmula, a José Sarukhán (ex rector de la Unam), quien ostenta muchos títulos y doctorados, además de presumir su condición de ambientalista;

primero dijo que la causa principal del cambio climático son los combustibles fósiles (hasta ahí íbamos requetebién), pero luego remató diciendo: “la comida misma es la que genera más gases de efecto invernadero”, hágame usted el “refabrón cavor” hubiera dicho Ca- tón. Una expresión así en boca de Bill Gates que quiere justificar su producción de carne artificial por los eructos y flatulencias de las vacas (y quien ya dijo que no las va a seguir responsabilizando), tiene sentido al ser un empresario que quiere ganar más dinero; pero venida de una persona que ha tenido cargos importantes, influencia en la formación de jóvenes y que sus opiniones son escuchadas por altos funcionarios, preocupa, y en mi caso enoja, por no decir palabras altisonantes.

Últimamente se ha desatado una campaña mundial en los medios, sugiriendo que los efectos del cambio climático son causados casi exclusivamente por la producción de ali- mentos y en particular por la ganadería bovina extensiva, llegando al absurdo de proponer el no consumo de carne bovina; como ya traté  de explicar y demostrar con los datos arriba presentados, esto es falso; me preocupan y ocupan varias situaciones; la primera es que  se está incrementando esta errónea percepción ante la pasividad de las organizaciones de pro- ductores y el silencio de los profesionales de la agricultura; además del poco interés en el tema por parte de los gobiernos de los países y estados que producimos alimentos; en segun- do lugar me inquieta que algunos productores arrastrados por el esnobismo ecologista y la ola de noticias falsas, empiecen a creerlo y lo que es peor, difundirlo. 

Entiendo y no comparto el interés de las grandes compañías mundiales que se dedican a procesar alimentos (mismas que casi nunca los producen porque no les interesa un nego- cio con tantos riesgos e inversiones, porque es poco rentable), por hacer ver mal a los productores (pequeños en su mayoría), quie- nes con más entusiasmo que ganancias, hacen posible que el mundo se alimente, para así justificar su intentona de producir los alimen- tos artificialmente sin tener que depender de las materias primas naturales. De ese tamaño es el problema y es lamentable que algunos sin querer o queriendo, les engorden el caldo sugiriendo que es más sano consumir comidas producidas artificialmente. Ya lo hicieron con los edulcorantes artificiales (sacarina, aspar- tame, entre otros), argumentando que el azú- car de caña engorda y es muy dañina (lo cual no es cierto), provocando que hoy tengamos una población obesa y mal alimentada en crecimiento, pero de eso en particular habla- remos en otra ocasión.

 

No he visto ni oído a ninguno de estos supuestos salvadores de la humanidad, sugerir el uso racional de los combustibles derivados del petróleo; tampoco pedirle a los habitantes de las grandes urbes, que no contaminen y no tiren tanta basura; mucho menos señalar que los grandes complejos turísticos, sobre todo de playas, contaminan más que muchos ranchos juntos (que produ- cen comida); jamás se han pronunciado por usar menos los aviones (que ellos usan para ir a sus convenciones), ni en contra del uso excesivo de celulares y de otras fuentes importantes en la producción de contaminantes. 

A esos personajes tampoco les oigo exigir la prohibición de muchos insumos de uso agrícola que son producidos por esas empresas multinacionales o sus filiales y que se usan en países pobres por desconocimiento de los agricultores, no porque estos sean irresponsables, sino porque a veces no saben ni leer o son mal asesorados por técnicos poco éticos; es paradójico que empresas que hoy critican la forma actual de producir alimentos, sean las mismas que producen estos insumos, los cuales ya deberían estar prohibidos; además de los pseudo ecologis- tas que con su silencio y permisividad solo les sirven de comparsa. 

Dejo para el final el silencio de muchas iglesias y algunos creyentes, quienes no quieren aceptar que gran parte de los proble- mas de la humanidad se deben a que segui- mos creciendo poblacionalmente a tasas muy altas (sobre todo en zonas de pobreza); y, si la producción de alimentos contribuye en alguna medida en la emisión de gases (lo cual es muy discutible), esta contribución sería menor si fuéramos menos personas; el problema es similar al de las drogas, se ori- gina por el consumo y no por la producción.

 

E insisto, hace doscientos años éramos 1,000 millones de personas y 600 millones de bovinos, esa población creció al menos siete veces en los humanos y solo en el doble de vacas; “saquen su cuenta muñecos”, hubiera proferido un conocido ganadero tabasqueño. 

Esta infame campaña orquestada por gran- des empresas, que lo mismo venden productos que engordan y luego otros que sirven para adelgazar, además de mantener en circulación productos muy nocivos y no degradables para luego vendernos los antídotos o remediadores de su uso; ya está teniendo frutos en la opinión pública y en las políticas gubernamentales, ahora estas mismas empresas quieren que los pocos apoyos e incentivos que los gobiernos en general aportan para la producción de alimen- tos, les sean entregados a ellos porque consideran a los actuales agricultores muy pendejos e irresponsables; “¡aguas con eso!”, exclamaría mi primo el Lic. Pishico



Nombre: Mauricio Lastra
Ocupación: Ingeniero Ambiental

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