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Miércoles 21 de Octubre de 2020
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Ganadería

CAMPEANDO


Cuando leas esto, espero ya haya pasado la crisis del SARS-2, nombre verdadero del mal llamado COVID-19, que por extrañas y oscuras razones han querido cambiar para ocultar quién sabe qué o para desviar la atención del respetable.
En estos días de cuarentena, han sugerido que cada uno nos revisemos por dentro, nos evaluemos y demos un golpe de timón a nuestras vidas; que seamos buenos, honrados, pacientes, bondadosos y tolerantes; en fin, todo lo que siempre una persona más o menos normal debe ser; está bien, hay que hacerlo para tratar de ser mejores ciudadanos y personas.

Pero si de revisar se trata, creo que debemos echar una miradita a los costosísimos organismos internacionales que supuestamente se encargan de cuidar nuestra salud y alimentación; habría que revisarlos a todos, pero centraré mis comentarios y observaciones en la FAO y la OMS.

Durante el gobierno de Sabines Guerrero en Chiapas, se dieron varios miles de apoyos para comprar tractores, implementos e infraestructura agrícola; esto impulsado (entre otras cosas) por que la FAO decía (yo escuché en Tuxtla a
su representante en México y a otras personalidades de organismos internacionales), que estábamos llegando a un punto de escasez de alimentos el cual podría orillar a matarnos por una tortilla o un pedazo de pan, lo cual no era cierto; lo que querían provocar era una sobreoferta de granos para que los grandes compradores tuvieran producto barato.


Y fue así que nos endeudamos, compramos tractores (con apoyo gubernamental), invertimos en infraestructura, caminos, preparación de terrenos y “¡zaz!, que nos pica el tábano”. Los dos años siguientes 2009 y 2010, bajaron los precios de los granos casi un 40%, los fertilizantes y la mayor parte de los insumos subieron casi un 50 %; ¿y qué creen?, pues que nos llevó el rancho del presidente; muchos tuvieron que devolver sus tractores e implementos, otros se fueron a juicio (perdiendo anticipos y apoyos), algunos salieron huyendo, unos pocos murieron y los “tontos” como el escribidor, tuvimos que vender bienes distintos a la actividad para pagar y salir de molestos y costosos litigios, todo por querer alimentar al mundo hambriento según la FAO.

Después, estos muchachitos de la FAO, empezaron a decir que las carnes rojas eran malas, que producían cáncer; posteriormente lo matizaron diciendo que solo algunas carnes rojas procesadas; más tarde empezaron con la cantaleta del “entibiamiento” global y los gases de efecto invernadero, los cuales le atribuían en casi un 20% a la ganadería bovina, esto derivado de estudios sesgados y perversos hechos por estas personitas, que después de ser rebatidos (desafortunadamente por pocos) ya han bajado dicha estimación a menos del 10% (pero cuya contribución real es
de menos del 5%); y después de generar todo ese desmadre de datos falsos, de provocar miedo por consumir carne producida según ellos, por “irresponsables ganaderos del mundo “, de promover una mala imagen de la ganadería e incitar al no consumo de carnes rojas; de pronto aparece a todo galope (cibernético) un vaquero, sin sombrero ni botas, sin caballo y sin vacas; eso sí, con mucha paga, quien nos ofrece producir carne buena, artificial, segura y no contaminante, como dicen en mi pueblo: “táquelo parió” ni la burla perdonan; yo no creo en las casualidades sino en
las causalidades, otra raya más al tigre.

Hace unos 30 años se promovió el no consumo de huevos, porque según algunos pseudo nutriólogos eran más malos que la carne de cerdo en Semana Santa; nunca vi o escuché a la OMS, decir que esto era falso; años después, investigadores de muchas universidades del mundo concluyeron (lo que hasta los abuelos sabían), que el consumo de huevos en forma racional y moderada (como lo hace la mayoría
de la población) es una práctica deseable en la nutrición humana y que solamente aquellos con ciertos problemas, deberían restringir o suprimir su consumo; el silencio cómplice de este organismo me lleva a sospechar que a alguien estaban protegiendo o pretendían impulsar el consumo de algún producto, no sé porque siempre viene a mi mente la industria soyera.

Para pocos es sabido y conocido el efecto pernicioso del consumo de fructosa (monosacárido = azúcar, que proviene de maíz) y sus repercusiones en la salud humana, sobre todo en la generación de sobrepeso, obesidad y diabetes; si la población no estuviera expuesta irracionalmente a este producto, que no por ser natural, deja de ser dañino; en esta crisis de la pandemia, no hubieran muerto tantas personas que ya venían con esos males y enfermedades.

Si la OMS hubiera alertado al mundo sobre los riesgos y repercusiones por el consumo de este producto, otro gallo nos estaría cantando; pero me temo que no le temen, más bien, le tienen pavor a las grandes empresas refresqueras y
productoras de golosinas que nos han envenenado silenciosamente y con argumentos altruistas (pues estas siempre aparecen como benefactoras de esos organismos y lo que realmente hacen, es meter hilo para sacar aguja, “regalan”
un peso y sacan millones); con la complicidad omisa de estos mismos a los cuales les pagamos y no poco, para que nos cuiden.


Recomiendo esta serie en la que se toca del tema de la fructosa: shorturl.at/eioL6 La OMS, no ha dado una explicación clara, creíble, contundente y mucho menos congruente sobre el origen del mal actual y nos traen de un lado a otro con cuentos chinos (se originó en un murciélago); con películas de ficción (la hicieron en un laboratorio) e historias macabras de bioterrorismo (alguien esparció el virus estratégicamente en todo el planeta) para derrotar a algún país y/o lograr la supremacía de otro. 

Quienes tengan algunos conocimientos básicos de virología y epidemiología, seguramente se sentirán ofendidos con la historia de que todo se originó en un mercado donde se venden murciélagos para consumo humano; pregúntome yo (diría una paisana), ¿será una práctica muy común y extendida la de comer esos animalitos la que haya generado una presión biológica de tal magnitud, la cual provoque que un virus bastante común (que dicho sea de paso, tiene primos para los cuales ya hay vacunas) mute de esta manera? No lo creo, aunque en la biología todo puede suceder.

Ahora bien, suponiendo sin conceder, que este fue el origen, entonces se tendría una población de murciélagos a la que se debería estar estudiando (no he oído ni visto que estén haciendo algo con ellos) pues en esos simpáticos mamíferos voladores, existiría mucha información y gran material para la elaboración de vacunas, sueros híperinmunes y una gran
cantidad de elementos que servirían para controlar eficientemente la hoy llamada, con más énfasis que respuestas, pandemia.


Este tipo de mutaciones más bien se dan en grandes poblaciones homogéneas de aves y cerdos, principalmente; los cuales viven confinados y expuestos continuamente a vacunas y con mucho estrés durante sus cortos ciclos
productivos.

La versión de que fue un investigador quien fabricó este mortífero virus, podría ser cierta; técnica y biológicamente es posible; siendo así, seguramente su creador (que deben saber quién es) tiene el manual de cómo lo construyó, el
cual sería una herramienta determinante para elaboración de una vacuna.

Y la historia macabra del bioterrorismo, no es improbable, pues a mí no me cuadran los lugares y los tiempos de aparición del mal, “la burra no era arisca”…
Y aquí nos tienen como idiotas, obligándonos a que nos quedemos en casa, a que paremos todas las actividades  económicas no esenciales (discutible cuales son); alejados de todo y de todos; diciéndonos que todo depende de nosotros; invitan a que nos lavemos las manos y que usemos ciertos productos de higiene y desinfección; algunos dicen que nos pongamos mascarillas, otros que no; no hay claridad en la conveniencia de hacer muchas pruebas y menos en la veracidad de las pruebas rápidas; ya nos convirtieron en expertos en contar muertos, en analizar curvas de contagio, en hacer proyecciones matemáticas, etcétera; como si los ciudadanos comunes y corrientes del mundo fuéramos los responsables de lo que está pasando; cuando fueron los científicos y autoridades de muchos organismos
internacionales, los cuales por omisión, comisión, incapacidad, silencio cómplice, inacción o protección de intereses oscuros y perversos, los que nos tienen en esta difícil situación, no simplemente de salud, sino económica, política y social.

Las medidas de distanciamiento e higiene son indispensables en este momento, la duda es si no se pudo evitar todo esto; y, no vaya a ser que la cura sea peor que la propia enfermedad.


Es inaceptable que digan estos científicos que una vacuna para controlar el mal se lleve casi dos años, pues ya existen en el mercado vacunas para otras especies de animales, las cuales están hechas para combatir otras variedades de Coronavirus; ello indica que los protocolos y tecnologías para producir vacunas contra este virus existe, faltaría simplemente afinar la producción para la variedad SARS-2 y las pruebas de bioseguridad, no se estaría partiendo de cero.

Pero “ya parece que apareció el peine”, en un reportaje de hace pocos días realizado por la agencia de noticias BBC (busque esta liga shorturl.at/ egn18), el cual no he visto que sea desmentido ni rebatido por la OMS. La doctora María Elena Botazzi y el doctor Peter Hotez dirigentes del laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical
del Colegio Baylor de Medicina, de Houston, Texas, en los EUA; señalan que en 2002 otro Coronavirus provocó lo que en su momento llamaron SARS; se determinó que era de origen animal y muchos se pusieron a trabajar para obtener una vacuna. Años después surgió otro letal Coronavirus que provocó muchas muertes y le llamaron MERS-CoV, el cual  parentemente se originó en camellos y pasó a humanos.


Ya han pasado muchos años de ambos eventos y aún no hay vacunas para esas enfermedades por diversas e incomprensibles razones. El virus que hoy nos trae de cabeza y al borde del colapso mundial, es 8% parecido a los anteriores y si se hubieran continuado los protocolosde investigación y producción de una vacuna, hoy sólo faltarían las pruebas biológicas para esta variedad, señalan los doctores.

Finalmente, ni a los laboratorios, ni a los organismos internacionales y tampoco a los gobiernosles interesó la idea de producir vacunas para el SARS y el MERS, pues consideraron que producirlas, no era un negocio atractivo ni
rentable, concluyeron estos investigadores. La OMS debe tener (no he oído que lo hayan hecho en esta tragedia) sistemas de vigilancia epidemiológica, mecanismos de monitoreo de enfermedades y un sistema de inteligencia (espionaje), para ir un paso adelante de los riesgos sanitarios; ahora nos dicen que esto apareció en un mercado chino y que no había antecedentes, lo cual es poco creíble.

Con toda la información que seguro tienen y guardaron muy celosamente, con los recursos que manejan, con la cantidad de científicos del más alto nivel que conforman estas instituciones, con todos los laboratorios de investigación
públicos y de la industria farmacéutica privada, con todos los adelantos biotecnológicos, con herramientas como la nanotecnología, la informática, la robótica y muchas otras más modernas y sofisticadas, no es justo ni correcto que la
humanidad esté viviendo una situación como la actual, alguien no hizo bien su chamba.

Que no nos quieran imponer la idea de que esto es resultado de haber dañado al planeta en las últimas generaciones, pues ha habido otras pandemias (las cuales mataron proporcionalmente a mayor población, dicho sea de paso y sin querer meter ruido), que ocurrieron cuando todo estaba verde, virgen, inmaculado, impoluto y sin ser agredido por la mano del hombre. Lo inaceptable e increíble, es que a estos organismos les haya pasado un pleito de perros entre las piernas sin que se dieran cuenta y luego nos pregunten a los ciudadanos si eran perros, lobos o coyotes; además, quieren que les digamos si tenían rabia o no; pero lo peor, es que nos manden a detener a la jauría a mano limpia; “¡qué cinismo!”, hubiera dicho mi tío Pancho Picho.

¿Tú le crees a la OMS?...

Yo tampoco.



Nombre: Mauricio Lastra
Ocupación: Ingeniero Ambiental

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