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CAMPEANDO: BENDITOS ARETES MALDITOS


Siempre he defendido la importancia y nece- sidad de contar con un sistema de identificación y trazabilidad en la ganadería nacional; desde que se exigía por parte del gobierno y muchos directivos ganaderos (algunos ahí siguen) para cobrar el desaparecido Progan; luego para poder vender o comprar en los diferentes programas de apoyo al sector, que se tuvieron en los anteriores tres sexenios o para obtener un crédito con apoyo gubernamental (raros, complicados de conseguir y escasos, pero los había).  

Pocas veces, y me atrevería a decir nunca, es- cuché que los encargados de su funcionamiento y vigilancia, los intentaran posicionar como lo que deben ser: un dispositivo que permita la identi- ficación individual, la propiedad del semovien- te y la rastreabilidad o trazabilidad del mismo y sus productos; simplemente decían que eran obligatorios para ciertos trámites.

 Si a eso le sumamos que desde su creación han servido para la supervivencia de muchas (no todas) de las organizaciones encargadas de sumi- nistrarlos (pues no hacen otra cosa que comer- cializarlos); también, para enriquecer a algunos; además de generar un desorden en el comercio ilegal con Centroamérica, desde la apari- ción misteriosa del tristemente célebre arete con clave 050, posteriormente los de clave 035 y actualmente con cualquier clave,  pues nuevamente se está incrementando el comercio informal con Centroamérica… valdría la pena preguntarse, ¿de dónde sale tanto arete?

 

Si no mal recuerdo, los primeros aretes de plástico venían de Francia, por cierto de muy buena calidad, de donde también      se trajo el programa para su control; poste- riormente, se importaron de varios países, principalmente de Estados Unidos; hoy al parecer son “orgullosamente” mexicanos; uno de sus problemas actuales (del dis- positivo de identificación), es que se caen muchos, muchísimos; sin que sea un buen ejemplo, más o menos cada dos años trato de actualizar la permanencia de los mismos en animales adultos (vacas en edad repro- ductiva) y hoy esa permanencia no supera el 40%; quienes viven de esta noble actividad, sabrán los costos, descontrol y molestias que esto representa. 

Hace pocos meses salieron con la mama- da (disculpen, pero no encontré otra palabra para referirme a esto) de que sólo es válido el dispositivo, si van los dos, lo cual contra- viene el espíritu de aplicarlo doble, si se cae

uno, el otro es válido; lo que hace el arete (uno o los dos) es identificar al animal y a su dueño; además su origen y destino en su caso; legal- mente están cometiendo una ilegalidad (valga la rebuznancia) al impedir la movilización

de animales con un solo arete. ¿El motivo?, vender más aretes, pues no cambia en nada la naturaleza de la propiedad que tenga uno de los dos aretes.

 

Hasta hace como un año, tal vez esto se prestaba a usar un arete en dos animales, pero casualmente cuando ya se puso en operación en todo el país el Registro electrónico de la movili- zación (REEMO), sistema para el control de la movilización de animales que en teoría debería impedir ese doble uso, esa posibilidad es nula (si es cierto que el REEMO es una maravilla como pregonan); entonces, si tenemos un sistema con- fi          (SINIIGA) y un programa de movilización robusto, ¿por qué siguen obligando al uso del doble arete? Considero que o mejoran la cali- dad de los mismos o simplemente nos venden y exigen uno (pues de nada sirve comprar dos, si la falta de uno, invalida al otro).

 

El SINIIGA tiene más de veinte años que inició y no creo que a la fecha estemos arri- ba del 80% de aplicación y actualización del inventario nacional; tal vez los estados expor- tadores del norte y algunos otros pocos estén al día, muchos como Tabasco y Chiapas están muy atrasados. 

Cuando se inició la aplicación de los aretes metálicos allá por el año de 1993 en Chiapas, como secretario de mi Unión Ganadera, tenía la responsabilidad de la aplicación y vigilan- cia de su buen uso; un ganadero, profesional de la economía y político (en ese momento sin chamba oficial), me comentó que esas eran ocurrencias del gobierno para cobrarnos impuestos y tenernos controlados; posterior- mente otro ganadero, también político (hoy en descanso) y especialista en salud pública me comentó que el uso de los aretes no garantizaba una trazabilidad (me dio argumentos válidos) y además también coincidía con que era una forma de controlarnos por parte del gobierno  y agregaba que era un trámite engorroso y con muchas posibilidades de generar corrupción; recientemente, otro ganadero profesionista y político (en funciones) me dijo que los aretes definitivamente no servían para controlar el abigeato, que para la ganadería solo representaba gastos y trámites innecesarios y que a él le complicaban mucho la movilización de su ganado; imagínense si estos letrados que fueron a los grandes colegios y famosas universidades (como hubiera dicho la finada Tía Petrona Las- tra), si ellos piensan de esa manera, qué pensará del SINIIGA un pequeño productor quien no terminó la primaria, del ejido Tientiul de Tila Chiapas, quien luego de caminar dos horas, se sube a un transporte público (léase camioneta de redilas) y después de transitar otras tres horas, llega a la ventanilla que le corresponde a solicitar un juego de aretes para una vaca que tiene que vender para comprar comida para su familia, ya que el animal solo tiene una arete; y le dicen que su vaca es un toro el cual no está en su rancho “Peor es nada”, sino en el rancho “La miseria” del vecino municipio de Yajalón, y además pertenece a otra persona…

 

Otra situación que se da cotidianamente al solicitar una dotación de los aretes, es la aplica- ción de un factor que calcula la capacidad que supuestamente tiene una unidad de producción para mantener una cantidad determinada de ganado (capacidad de carga), que se mide en unidades animal; y derivado de esto, un ran- cho tiene su propia capacidad; es así como a una unidad de producción le ponen un tope de animales que puede mantener según el sistema, el cual no puede ser sobrepasado. En primer lugar he visto que no están empleando las equi- valencias de unidades animal (no es lo mismo una vaca con cría que un becerro destetado); en segundo lugar, confunden número de animales en total con unidades animal, que son cosas completamente diferentes; y en tercer lugar, no consideran las mejoras que muchos productores han hecho para incrementar la capacidad de carga de sus unidades; por ejemplo, quienes ha- cen pastoreo intensivo, quienes han sembrado pastos mejorados y quienes administran suple- mentos nutricionales (concentrados, ensilados  o pasto seco, por citar algunos). Entonces se preocupan más por la carga animal del rancho de un verdadero productor, que en el inventario de quienes sólo comercializan.

 

Mantener en orden el inventario de aretes es una difícil tarea que diariamente realizan los ganaderos, pero que se dificulta por falta de operatividad y capacidad del sistema (ahora empeorada por el “mal”), por criterios inconsis- tentes y no uniformes de quienes lo operan; por ejemplo en Tabasco y Chiapas tienen criterios diferentes para tratar la falta y necesidad de re- posición de aretes en una PSG, o el movimiento de animales de una PSG hacia una UPP, por citar algunos casos en particular. 

El sistema de identificación, a mi juicio, es obsoleto, se sigue presumiendo el código de barras incluido (aunque dicen que ya tienen chips, pero me comentan que no funcionan); estos dispositivos, que insisto, debería ser uno solamente y de buena calidad, deberían estar acompañados de un chip de aplicación subcu- tánea (en un lugar diferente a la oreja), para no ser detectado fácilmente, el cual serviría para llevar el control de inventarios casi en tiempo real, la supervisión de la movilización, el com- bate del abigeato, la obtención de créditos (una especie de hipoteca, un animal “ hipotecado” no podrá comercializarse), etc. Acabo de ver una cotización de dispositivos subcutáneos muy sofisticados los cuales funcionan en tiempo real y manejan una gran cantidad de datos incluida la imagen del semoviente, con un costo inferior a los $10 por animal. 

En conclusión, tenemos un sistema añejo, obsoleto, incompleto, caro e ineficiente; que se exige con mucho rigor a quienes medianamente intentan hacer las cosas bien y legalmente; pero que se flexibiliza para quienes no son tan escru- pulosos, lo cual provoca su rechazo por parte de muchos ganaderos; y esto es utilizado por quienes se aprovechan del descontrol, por un lado, para lucrar y por otro seguir moviendo animales de manera fraudulenta.



Nombre: Mauricio Lastra
Ocupación: Ingeniero Ambiental

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