CAMPEANDO POR MAURICIO LASTRA


Muchas empresas que compran productos a medianos y pequeños productores del campo tienen en común que siempre reflejan grandes ganancias para sus socios, reportan incrementos del valor de sus acciones, ampliación de sus plantas procesadoras, apertura de nuevas tiendas, conquista de mercados internacionales; en resumen, son exitosas y prósperas, por no decir gandallas y abusivas.

Por el otro lado, vemos a los productores cada vez más descapitalizados y desmotivados, produciendo con insumos más caros (empezando por los combustibles); y, los precios que reciben, siempre a la baja; no así los precios al consumidor. Un dato para ejemplificar, en los años 80, con un litro de leche se compraban dos de gasolina, hoy se necesitan cuatro litros de leche para la misma adquisición, ¡algo no cuadra!, alguien está subsidiando esta disparidad y seguramente no son ni las grandes empresas, mucho menos el gobierno; todo ha sido con cargo a los productores y creo que ya se están agotando la paciencia y el capital.

Y así podemos ver empresas nacionales como: Bimbo, Bachoco, Su Karne, Maseca, Chedraui, Soriana, entre otras, y las extranjeras como Walmart, Nestlé, Cargill, entre otras más; cada día con más ganancias que nos presumen ofensivamente. Dejé afuera a Lala y Alpura pues estas exitosas empresas mexicanas, compran casi todo a sus asociados y al parecer allí la historia es diferente, pues los productores asociados sí obtienen mejores ingresos; tal vez la gran lección sería: saberse asociar.

El comercio justo debería ser una práctica generalizada de empresas compradoras y consumidores finales, pero en nuestro país estamos aún muy lejos de alcanzarlo; desde luego salvo honrosas excepciones, sobre todo de productores grandes y/o muy organizados; el resto, estamos condenados a la estacionalidad de la producción que agolpa los inventarios, derrumbando los precios a la urgencia de vender porque el producto se echa a perder. A veces, el éxito en la producción se convierte en el fracaso del precio o en otras ocasiones, el éxito de una cosecha se convierte en moda para la próxima; muchos siembran lo mismo y abarrotan el mercado; y al final como diría un personaje de mi zona: no hay suerte pa’l hombre honrado, o el trillado refrán: cuando hay pa’ carne, es vigilia.

Definitivamente que el primer responsable es el productor, por no saberse o poderse asociar y planificar su producción; sin embargo en muchos casos como el que comentaré, el gobierno (local, estatal y federal) pueden y deben intervenir; hace tres o cuatro años Nestlé dejó de recibir leche en la zona Ríos de Tabasco, Chiapas y Campeche, dejando atrás más de 40 años de relación con buenos y comprometidos productores, argumentado que le era incosteable recoger 20 mil litros cada tercer día, los productores estuvieron dispuestos a sacrificar el 10% del precio (para ayudar a la “necesitada” empresa) y ni así siguieron recogiendo la leche, afectando a muchos pequeños productores.

Con algunas excepciones de palabra más no de acción, ni los gobiernos de los tres estados, ni las organizaciones ni la Federación hicieron algo para impedirlo; siendo que estas empresas reciben innumerables y cuantiosos apoyos de los contribuyentes (no del gobierno) vía subsidios, evasiones fiscales, condonaciones, apoyos a la comercialización e importación, entre otros. Los gobiernos, de acuerdo a su competencia, debieron actuar en consecuencia; motivos y herramientas para hacerlo, habían y estaban justificados; sin embargo, nadie quiso intervenir por cuidar la chamba y no ser visto por la gran empresa como un enemigo; seguro que casos como estos se repiten día a día en muchos sectores y a lo largo y ancho del país, pero poco se sabe de ellos por tratarse de pequeños productores poco o nada organizados que no son noticia.

Pero el tema de comercio justo también llega a los consumidores finales que cada día están más informados, son más exigentes y críticos, sin embargo a la hora de pagar todas sus exigencias, no son muy generosos; y así, nos piden alimentos buenos, saludables, trazables, nutritivos, nutraceúticos, inocuos, que su producción sea amigable con la naturaleza, respetando estándares de bienestar animal y de seguridad social para los trabajadores, todo esto lo sabemos y podemos hacer, siempre y cuando ese exigente consumidor (pasando por quienes compran las producciones) esté dispuesto a pagar lo justo, situación que todavía veo lejana.

En estos inicios de gobierno federal y varios estatales, esperamos que quienes tienen la honrosa responsabilidad de dirigir las secretarías, organismos, empresas e instituciones relacionadas con la producción y comercialización de productos agropecuarios, tengan la sensibilidad, el coraje y sobre todo el compromiso de velar y defender los intereses (por cierto muy escasos) de los medianos y pequeños productores, que estamos distribuidos en toda la geografía nacional y hacemos la vida diaria en pequeñas comunidades a veces apartadas y con muy pocos y malos servicios básicos, produciendo alimentos para toda la nación; en serio, ¡necesitamos de su ayuda!

Parafraseando al presidente, termino diciendo: no se vale tener empresas muy ricas y productores muy pobres.

Autor: Mauricio Lastra

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