LOS SOLER NO ERAN MAMPOS


A mi padre le gustaba el cine, en especial las buenas películas mexicanas y extranjeras de la época de oro —aunque agarraba parejo—. Junto a él, vi algunas joyas de la cinematografía mundial: “Lo que el viento se llevó”, “Cantando bajo la lluvia”, “Casablanca”, entre otras.

El Cine Esperanza, por los años cuarenta, fue el primer cine formal que hubo en mi pueblo, era de la fa- milia. Don Villo, mi abuelo, le asignó a su joven hijo algunas tareas: fue taquillero, hasta que mi abuelo se dio cuenta que el chunco le cobraba un impuesto no autori- zado. Lo puso a recibir boletos, hasta que el abuelo se enteró que dejaba entrar gratis a todas las muchachas. Pintaba los cartelones donde anunciaban las películas, hasta que el abuelo lo vio escribir “hamor”. Fue cácaro, hasta que al abuelo le dijeron que abandonaba el pro- yector para ir a la sala a buscar novia.

Cuando por n maduró, aconsejó a su papá que contrataran películas de estreno en la Ciudad de México. Él convencía a los productores que le soltaran copias de los filmes de moda. Así, se vieron en el legendario Cine Esperanza, películas famosas como: “Allá en el Rancho Grande”, “Flor Silvestre”, “La mujer del puerto”, antes que en ciudades más grandes.

Cuando vivíamos en la Ciudad de México, en la televisión programaban añejas películas. Mi viejo gozaba contándonos la historia del cine mexicano —la que le toco vivir a él—. Conocía a todos los artistas. Hacía comentarios divertidos. En especial admiraba a los hermanos Soler; cuando uno de ellos asomaba en la pantalla, invariablemente y contando con los dedos decía: “Los hermanos Soler eran cuatro: Fernando, Julián, Domingo y Andrés: ni uno se casó —y a rmaba—: ¡pero no eran mampos!”.

Nadie osaba cuestionar su dicho. Al que más admiraba era a Fernando, el mayor de los herma- nos: “Mira hijito, ése que está con Pedro Infante, es Fernando Soler, ¡un actorazo! Lo mismo actuaba de bueno o malo, de macho o mandilón, pero lo más fregón, era cuando hacía de bolo... ¡Ni a mí me sale tan bien, y eso que yo sí estoy bolo!”.

Actualmente, siguen exhibiendo películas mexicanas de esa época. Cuando vemos televisión en familia y aparece un Soler, ayudándome con los dedos, les informo:

—Los Soler eran cuatro hermanos: Fernando, Domingo, Julián y Andrés; ellos no se casaron, pero no eran mampos.

—¿Cómo lo sabes? ¿Te consta? —preguntó mi primogénito, mientras huía de mi plática.

Con la sabiduría que dan los años, dije:

—Porque tu abuelo no decía mentiras —bueno... casi no—, los hermanos Soler ya murieron, como no se casaron no tuvieron hijos. ¡Pero no eran mampos! Ah... y eran grandes actores, en especial Fernando, que actuaba de bolo mejor que mi papá... ¡y eso que tu abuelito, sí estaba bolo! ¡Y si grito es pa’que me escuches, pero no estoy bravo! ¡Mal nieto!

Autor: Enrique Orozco

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