CAMPEANDO: AMNESIA, OCLOCRACIA Y UTOPÍA


Se ha dicho hasta el cansancio que los gobier- nos anteriores hicieron nada, que el país práctica- mente no existía y habría que inventarlo.

Como estrategia política- electoral, vaya que les funcionó y la turba embravecida tomó el poder (con más sed de venganza que ganas de trabajar); pero ¡ah chingaos!, se encontraron con que había hospitales y servicios de salud, escuelas, universi- dades, carreteras, aeropuertos y puertos; también se encontraron con agua potable, infraestructura hidroagrícola, energía eléctrica, telefonía y hasta drenajes; pasando por centros recreativos, unida- des deportivas, museos, centros de investigación y hasta la residencia oficial de Los Pinos (hecha por seguro recuerdan quién); al abrir las puertas de sus oficinas encontraron que había institucio- nes que garantizaban el funcionamiento de la Re- pública, la división de poderes y la vida democrá- tica; entonces decidieron que a lo material había que destruirlo y a las instituciones, debilitarlas, someterlas y en algunos casos, desaparecerlas.

La parte más importante del servicio pú- blico que debe prestar el estado, es la salud; y ¡oh sorpresa!; en ese campo vaya que se había avanzado, logrando incrementar sustan- cialmente la esperanza de vida y disminuir la mortalidad materno- infantil en los últimos años; además, se erradicaron o controlaron enfermedades como la viruela, la polio, la difteria, el sarampión, la tosferina, el tétanos, el paludismo, la rabia en humanos y perros; a finales del siglo pasado se pudo controlar el cólera y a principios de este, las gripes aviar y porcina; y se tiene muy acotada a la tuber- culosis, solo por citar algunas enfermedades; entonces no era cierta la aseveración de que nunca se había hecho algo; se pudo hacer más, seguro que sí y sin corrupción; también es cierto que deberíamos estar en mejores condiciones; pero es perverso negar lo hecho y conseguido, e ingenuo haberlo creído y repetido.

En el sector agroalimentario, sucedió lo mismo y se quiso enterrar el esfuerzo, la de- dicación, el trabajo y la creatividad de pro- ductores, profesionales y gobiernos en turno (esperemos que este haga lo propio) para lo- grar posicionar a nuestro país como el décimo segundo productor de alimentos en el mundo; sexto comercializador de carne bovina; sépti- mo comercializador de alimentos en general; de los principales productores de tomates, chiles y otras frutas y hortalizas; de los primeros en producir y exportar aguacates, berries, trigo para pastas, nueces y becerros, sin olvidar las cerve- zas y el tequila que tienen un gran impacto en la economía del campo mexicano.

La generación de divisas del ramo agroalimen- tario, antes del TLC, era prácticamente impensa- ble; desde hace ya varios años y antes del 2018, estas se sitúan cercanas a las de mayor cuantía, como son: ingresos petroleros (que antes del TLC eran superiores al 80%), el turismo y las remesas; llegando a superarlas en algún trimestre de 2014; la balanza comercial agroalimentaria lleva varios años de ser superavitaria; y este sector será de los pocos que mantuvo un crecimiento en el 2020.

Somos de los principales socios comerciales de los gringos y uno de sus principales provee- dores de alimentos; y gracias a nuestro estatus sanitario podemos ingresar a los principales y más exigentes países del orbe, con productos vegetales o de origen animal.

Todo esto se ha ido construyendo con el traba- jo diario, continuo, planeado y de largo aliento; no con transformaciones ruidosas y poco o nada eficaces; la vida evoluciona, las revoluciones dejémoslas para los motores, los discos de acetato y los libros de historia.

Estos logros no fueron casuales ni se dieron por generación espontánea, mucho menos se gestaron en los últimos dos años; se consiguie- ron con el esfuerzo, sacrificio e inversión de los productores y con las aportaciones que hicieron las universidades públicas y privadas (en inves- tigaciones, técnicos y formación de profesionis- tas), destacando el Colegio de Posgraduados, la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, el Tec de Monterrey, la Unam, las universidades estatales, el IPN y los tecnológicos estatales; además de la colaboración de instituciones de investigación y desarrollo como Conacyt, Inifap, Cinvestav y el Fira ; y del acompañamiento de las organizaciones ganaderas, las Fundaciones Produce, México Calidad Suprema, el Caades de Sinaloa y el Patrocipes de Sonora, donde productores e investigadores de la talla de Nor- man Borlaug (premio Nobel de la Paz 1970), han desarrollado variedades de trigo y maíz que contribuyeron a que no hubiera más hambre en el mundo en la segunda mitad del siglo XX (esto me comentó el director general de la fundación Bill & Melinda Gates en una reunión en Costa Rica).

Por espacio solo cito algunos de los ac- tores relevantes; instituciones u organizaciones creadas en el llamado peyorativamente “periodo neoliberal”, que han contribuido a engrandecer el quehacer agroalimentario y, por qué no decirlo, al país; es preciso recordar a organismos públicos que promovían a los productos mexicanos en el extranjero, desafortunadamente ya desaparecidos recientemente, y al Senasica, sin cuyo trabajo hu biera sido imposible acceder y conquistar muchos mercados internacionales, teniendo hoy nuestro país un reconocimiento internacional por la sa- nidad de nuestros productos, a esta dependencia también le han recortado irresponsablemente su presupuesto.

También debemos recordar a programas que ya no existen, como el Progan, el Procampo, el Diésel Agropecuario, Ganado Mejor, Repobla- ción Bovina, Fomento a la Exportación, Inno- vación Agroalimentaria, Apoyo a la Comerciali- zación, Infraestructura y Maquinaria Agrícola y Pecuaria, y otros que hoy escapan a la memoria, pero que en su momento fueron un gran apoyo para los productores, todos mejorables.

Ha habido buenos y malos gobernantes, polí- ticos y funcionarios de TODOS los partidos que nos han gobernado, ya sea en un municipio, esta- do o país; de todos colores y tendencias políticas; no se puede tasar a todos parejo, ni decir que todos son corruptos e ineptos (muchos creen que cambiando de partido se vuelven honestos e inte- ligentes). En el campo tenemos que reconocerle a Carlos Salinas (villano favorito de algunos) el ha- ber terminado con el nefasto reparto agrario, que repartía más miseria que tierras y que generó una gran descapitalización del campo, migración a las ciudades, conflictos, muertes y atraso (y cuyo fantasma es utilizado actualmente para atemorizar y mantener a raya a los productores); muchas de estas desviaciones se empezaron a revertir con la firma del polémico TLC, que al final hasta Trump reconoció había sido más benéfico para México, los números hablan por sí solos .

Los aferrados al pasado, desinformados del presente y equivocados en el futuro, insisten en regresar a prácticas y políticas que tal vez fun- cionaron hace un siglo; promueven tecnologías ya superadas por la ciencia, la investigación y las innovaciones; y como no saben ni dónde están parados, nos pretenden hacer creer que no hay futuro para la producción comercial de alimentos, pues los satanizan y culpan de todos los males de la humanidad.

La oclocracia, o gobierno de la muchedumbre, es una de las formas de degeneración de la demo- cracia, del mismo modo que la monarquía puede degenerar en tiranía.

Mientras que, etimológicamente, la democra- cia es el gobierno del pueblo que con la voluntad general legitima al poder estatal, la oclocracia Es el gobierno de la muchedumbre, es decir, «la muchedumbre, masa o gentío es un agente de producción biopolítica que, a la hora de abordar asuntos políticos, presenta una voluntad viciada, evicciosa, confusa, injuiciosa o irracional, por lo que carece de capacidad de autogobierno y, por ende, no conserva los requisitos necesa- rios para ser considerada como pueblo».

No se asusten, no estoy enloqueciendo (al menos eso creo), son definiciones de la Real Academia Española y otras; no me refiero a nadie en particular, menos a algún gobierno; lo cito para estar abusados y no nos vayamos a encontrar con uno de este tipo; y acabemos todos en una propiedad rural de nombre im- pronunciable pero muy famosa, ubicada en el sureste mexicano, en el estado que vio nacer a Tomás Garrido, pero en el municipio que tuvo su rancho…

Si una utopía es un plan o sistema ideal de gobierno en el que se concibe una sociedad perfecta y justa, donde todo ocurre sin con- flictos y en armonía, pero que también es muy improbable que suceda o que en el momento de su formulación es irrealizable; entonces como deseo de Año Nuevo, espero que mu- chos paisanos se curen de la amnesia crónica o temporal que padecen; que nunca seamos gobernados por una oclocracia y logremos la utopía lo más pronto posible.

¡Feliz y exitoso 2021!

Autor: Mauricio Lastra

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